|
ÉXTASIS...
Estás tumbado desnudo debajo de mi. Entre mis dos piernas, que he colocado sobre tus brazos. Las manos esposadas, que están sujetas a la izquierda y derecha de tu cara.
Tú me miras con esa mirada especial. Esa mirada que lo dice todo, que me pone tan cachonda. ¿Qué tipo de mirada es? Me preguntas, después de habértelo dicho.
Es la mirada que todo lo unifica, la que me pone. Lascivia, suspense, alegría, expectativa, inseguridad. También confianza, y al mismo tiempo recelo. Y también un poco de miedo. Sí, tanto se puede leer en una mirada. Y pensar en ello. Como siempre.
Cambiar esa mirada es muy apasionante. ¿No te parece? Te lo pregunto, mientras me voy posando lentamente sobre tu estómago y desencojo las piernas. Se te escapa algo de aire, antes de que puedas responder. Y a través de la monosílaba "Sí" sé, que ahora mismo no te apetece mucho hablar. "Sube un poco la rodilla, para que me pueda reclinar." Te digo yo proponiéndome retomar de nuevo el tema en la conversación. Tú haces lo que se te ha ordenado y yo me coloco sobre ti cómodamente. Subo mis pies hacia arriba y los coloco sobre tu cara. Siento tu caliente nariz y tus húmedos labios en las plantas de mis pies. Siento como abres tu boca y mi talón resbala despacito dentro de tu cavidad. A través del fino nylon de mis medias siento la corriente de aire de tu nariz, de tus respectivas expiraciones. Ello enfría la húmeda tela del nylon y me permite notarlo cada vez. Estás cazado, siento rayos intensivos en mi vientre y recibo horrorosas sensaciones en mi cerebro.
Aprieto mi talón dentro de tu boca y comienzas a chuparlo. Lo chupas con devoción. Yo siento tu calor, tu lengua sobre mi sensible piel, luego chupas de nuevo fuerte con tus labios, chupas el talón que reposa profundamente en tu boca. Yo me deslizo alrededor de tu estómago, siento cómo me vuelvo húmeda y caliente. Dejo mi otro pie sobre tu nariz y aprieto con los dos dedos más gordos tu nariz, hasta que apenas puedes respirar. Tus ojos están cada vez más grandes, destacando tu mirada inalterable sobre mi. Yo me rio de ti y soplo el humo de mi cigarro en tus ojos, hasta que empiezan a llorar. "Ooooh, pobre Bub... no hace falta que llores..." te digo hipócritamente. "Eso yo no puedo verlo..." Me levanto y me coloco sobre tu cabeza. "Venga, puedes abrir los ojos." Me arrodillo ahora sobre tu cara y me acerco imparablemente. Poco antes de que tu nariz toque mis labios vaginales, decido dar la vuelta, me levanto y me coloco hacia el otro lado. "Quiero mirarte a los ojos hasta que para ti todo quede a oscuras..."
Despacito me voy arrodillando. Me miras a los ojos, que se van deslizando entre mis piernas. Ves cómo mis labios vaginales se abren, mis nalgas dejan el camino libre, aprietas tu cabeza para arriba para entrar más rápidamente en mi húmedo y resplandeciente centro de diversión. Ahora estiras tu lengua hacia fuera, quieres lamer, quieres chupar...
Entonces tiro de tus pelos tu cabeza hacia atrás hasta el suelo. Me quedo en esta posición. Mi nariz, indecentemente abierta delante de tu cara, me muevo sobre ti, para que puedas verlo todo perfectamente. Puedes olerlo. Ese olor animal, agrio, soso y atrayente como la miel dorada. Puede ver, cómo la nariz se mueve en mi agujero y se junta en mi entrada. Allí se encuentra el néctar, esperando a ser lamido por ti. Puedes ver la sangre palpitando en los pomposos labios vaginales. Me subo un poquito sobre ti, aprieto tu cabeza hacia un lado y me siento sobre tu mejilla.
Sientes la húmeda carne, cómo se va apretando hacia ti, contra el duro suelo. Tu oreja va desapareciendo bajo el muslo, tus ojos se espachurran. Yo comienzo a frotarme con tu cabeza. Lubrico mi excitación con tu cara. Puedes olerlo. Estiras rápido tu lengua y tratas de palpar los jugos lechosos. Lo pruebas con tu lengua con su inigualable sabor, que aturde tu sentido. Tratas de retorcerte debajo mio embriagado por la sangre. Lames mi piel por donde puedes entrar. Y me froto todavía un par de veces sobre tu caliente cara y me subo un poquito. Me doy la vuelta otra vez, de forma que observo tu cuerpo y vuelvo a colocarme de nuevo abajo. "Bien, ahora estás tú ojo con ojo con mi agujero del culo" te digo y luego te vas. Al menos no te veré más. ¡Y al menos un acierto! Sin necesidad de corrección, justo la preciosa nariz en el agujero del culo, donde pertenece. Yo separo de nuevo mis nalgas y relajo mi esfinter, para que no te quedes junto al agujerito, sino que entres perfectamente en él.
Yo vuelvo a apretar hacia abajo. Apoyo mis manos en la cadera y deposito mi peso hacia atrás, hasta que tu nariz quede depositada en mi culo.
Durante todo el proceso siento tu respiración en mi clítoris. Tu lengua todavía no ha realizado su misión. Aparentemente has desviado tus tareas a la nariz. Yo la agarro entre mis piernas y abro mis labios vaginales con ambas manos. Entretanto veo tu boca y tu húmeda y resplandeciente lengua entre tus dientes, que solamente esperan lamerme. También mis hormonas se alteran por esa lengua.
Para que no vaya todo tan deprisa, bebo un sorbo de cava del vaso que se encuentra junto a mi. Con una pajita echo unas gotitas de champán sobre mi tripa delante de mi coño. Entonces veo cómo el helado y burbujeante líquido corre por mi caliente piel entre mis piernas y entre mis labios vaginales. Gota a gota se junta en mi clítoris y cae un chorrito en tu boca, donde el cava se vuelve espumoso sobre tu lengua. Rápidamente el champán es tragado, lo que no es sencillo, cuando no se puede respirar por la nariz.
Dejo el vaso a un lado y brindo por mi satifacción.
De nuevo separo mis labios vaginales y te exijo que estires bien la lengua. Tú sigues mis instrucciones con una curiosidad casi infantil. Yo aprieto mi clítoris sobre tu lengua, deposito mi peso algo hacia adelante y me aprieto más sobre tu cara. Mis labios vaginales reposan sobre tu boca, tu cara queda completamente cubierta por mi trasero y mis muslos. Yo siento cómo mueves tu lengua lentamente. Mi clítoris se comprime sobre tu boca, levantándose un poco sobre la resbaladiza piel. Tu lengua permanece húmeda y latente. Con cada lengüetazo recibo empujones por el cuerpo. Todavía antes de que la escasez de aire se te agudice, me inclino un poco hacia adelante y separo mis nalgas, de forma que tu nariz queda un poco libre y puedas coger aire. Chupas con avidez mi agujerito. Luego me siento de nuevo abruptamente con mis nalgas separadas, de forma que tu nariz regresa a su lugar original, para que me sientas de nuevo.
Me inclino de nuevo hacia atrás y me coloco de nuevo cómodamente, disfrutando largo rato de tu curiosa e investigadora lengua en mi clítoris y mi oloroso y profundo agujero. Como por reflejo muevo entonces mis manos hacia adelante y clavo mis uñas en tu pecho. Yo araño la carne de tu estómago hacia abajo. Enseguida aparecen sobre tu busto rojas marcas y tú aparentemente te preocupas por tu deficiente cantidad de aire. Yo separo un poco mis labios vaginales y te dejo coger aire. Vorazmente lo aspiras en tus pulmones. En el momento en que empiezas a expirar, aplasto de nuevo sobre ti. Comienzo a balancearme adelante y atrás sobre tu cabeza. Parece que no has cogido suficiente aire, ya que empiezas de nuevo a retorcerte debajo mio.
Yo continúo cuidadosamente con mis movimientos y me sostengo como sobre un búfalo en un rodeo. Cada vez te pones más salvaje bajo mi. Pataleas con brazos y piernas y tratas desesperado de colocar tu cabeza a un lado para poder coger aire. Yo me apoyo con todas mis fuerzas, apretándome sobre tu nariz y de pronto lo consigues y me lanzas. Yo me siento sobre el frio suelo de piedra junto a tu jadeante cara y te miro.
Espera... te advierto de nuevo y me siento de nuevo sobre tu cara. La nariz arqueada y precisa en mi culo, la boca tapada por mi húmedo y resbaladizo coñito. Coloco mis manos sobre tu lomo y coloco mis uñas presionando en tus lados. De pronto se te pone piel de gallina y yo me doy cuenta que también en mis brazos se me ponen los pelos de punta. Bajo tus axilas, debajo de tus brazos desde ellas hasta los codos te araño con mis uñas por la suave carne, y luego con menos presión por la otra parte hasta tus hombros. Desde ahí hasta tus pezones te voy tocando la piel. Te araño con las uñas despacio por los pezones, hasta que se juntan y la piel queda bajo las yemas de mis dedos dura y encogida.
Con una fuerte presión sobre los pezones y luego pellizcándote con mis dedos gordo e índice primero, y luego más fuerte en cada pezón. Bajo mi culo comienzas en ese momento a retorcerte, justo cuando echo mi peso un poco hacia atrás, escucho cómo recibes algo de aire entre mis labios vaginales. Eso debería bastar. Así que permanezco en esa posición y vuelvo hacia tus pezones, que todavía sujeto con mis uñas. Despacio te voy poniendo duro el pezón y lo retuerzo con mis uñas hasta que se va encogiendo tu cuerpo. Tu comienzas a lamerme de nuevo. Esta vez aprisa. Y cuando más fuerte te araño tus pezones más te vas levantando. Como en una pelea tratas de enfrentarte a mi. Me lames más aprisa y fuerte, contra mis cada vez más fuertes arañazos. Pero yo no te suelto.
Siento tu piel bajo mis nalgas, cómo se va sensibilizando bajo mis manos, pudiéndose ver las rojas marcas, que quedan como huellas mientras tu lengua está en mi clítoris, jugando con él y palpitándolo...
Cada vez te araño más fuerte. Tú chupas mi viscoso jugo que va saliendo a chorros. Tu jadeo es cada vez mayor, ya que no recibes aire suficiente. Mi respiración es cada vez más rápida y mi coño arde como el fuego. Tan caliente. Se abre, yo me convulsiono, clavo mis uñas descontroladamente a tu lado, me sujeto a tu carne, para no salir volando y volver a caer al suelo. Echo mi cabeza atrás y veo ante mi el no va más de mi placer. La lava candente se junta desde mi cuerpo entre mis piernas y dispara un gran golpe en mi cerebro. Como un hombre que te golpea, así llega la lava candente a mi cerebro. Me deja un segundo paralizada hasta que explota y me deja gritar. Y una y otra vez explota en mi cerebro. Hasta que de repente la crispación desaparece y llega el relax. Cuando vuelvo a colocar mi cabeza recta todavía siento una buena explosión posterior que de nuevo se activa en todo mi cuerpo.
Hasta que el recíproco baño de tensión y relax se convierte en un temblor de las piernas y desaparece despacio. En el momento en que vuelvo a la tierra, pienso que mis dedos todavía están clavados a tus costados y las gotas de sangre fluyen entre mis dedos...
|